5 cosas que me molestan de todas esas empresas que operan en zonas francas como Aguada Park y Zonamérica y qué es lo que aprendí laburando allí y por qué odio con toda mi alma a la modernidad y a esas minitas nabas que curran en los departamentos de RRHH y que la verdad la mayor parte del tiempo me hacen sentir como Travis Bickle en “Taxi Driver”


“(…) Una sociedad tecnológica TIENE QUE debilitar los lazos familiares y las comunidades locales si quiere funcionar eficazmente. En la sociedad moderna la fidelidad personal debe ser primero al sistema y sólo secundariamente a una comunidad de pequeña escala, porque si la fidelidad interna a las comunidades de pequeña escala fuera más fuerte que la fidelidad al sistema, estas comunidades perseguirían su propio provecho a expensas del sistema.”

  • «La sociedad industrial y su futuro» (1995) de Theodore Kaczynski, alias: Unabomber.
{Advertencia: Lo que van a leer a continuación es una serie de consejos e impresiones DESTINADOS A aquellos jóvenes uruguayos que recién se incorporan al maravilloso mundo de la atención al público en zonas francas. Nada más que eso}.

«PIA FROM FINLAND HAS AIDS»

«Jeffrey says exactly what’s on his mind. Most people consider what they’re saying…social skills… Jeffrey just charges right ahead.»

#5. SER CIUDADANO URUGUAYO HOY DÍA NO TIENE NINGÚN VALOR; DE HECHO, SI SOS EXTRANJERO TÉCNICAMENTE PODÉS LLEGAR A TASAR MUCHO MÁS DENTRO DE ESTAS EMPRESAS QUE UNA PERSONA NACIDA Y CRIADA DENTRO DEL PAÍS

Antes de empezar me gustaría aclarar que mi experiencia trabajando en zonas francas se circunscribe únicamente al ámbito de los llamados “Call Center”; allí, dentro de esas enormes galeras de vidrio y acero, pasé una buena parte de mi vida laboral atendiendo y devolviendo llamadas sin parar.

En términos generales, no puedo decir que mi experiencia haya sido demasiado positiva (no me gusta trabajar); aunque, nobleza obliga, esto debo achacárselo parcialmente a una etapa de mi vida –estoy hablando de entre los veinte y veinticinco años– en la que estaba en pleno proceso de derrumbe, desmotivado y sin saber muy bien qué hacer conmigo y con mi futuro.

Independientemente de esto, me gustaría dejar por escrito algunas de mis impresiones de estos nuevos entornos laborales, tan convenientes para las empresas extranjeras, gracias a su singular y ventajosa combinación de exenciones impositivas, bajos gastos operativos y –como no podía ser de otra forma– mano de obra barata.

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Se puede decir que una de las cosas que más me llamó la atención durante mi derrotero por este tipo de entornos fue la copiosa afluencia de personal extranjero; no exagero: había empleados de TODAS las nacionalidades: hindúes, cubanos, venezolanos, colombianos, salvadoreños; incluso gente venida del África (!). Fue realmente curioso para mí ver a tan amplio espectro de gente, muchos de ellos además ocupando cargos medios o altos en las sucursales aquí instaladas; pero asimismo me sirvió para entender algo muy importante: pese a todo ese chamuyo y todos esos engorrosos videos de integración y bienvenida del equipo de RRHH, tus “camaradas” o “compañeros de trabajo” –como los quieras llamar– NO SON tus amigos, ni tienen que llegar a serlo JAMÁS.

A ver, estamos hablando de gente con la que durante tu periodo de prueba vas a competir CONSTANTEMENTE por mantener un lugar allí; y, ojo, eh, varias de estas personas vienen en su mayoría de países arruinados, naciones hechas POLVO económica y socialmente hablando. Por lo tanto, tenés que entender que algunos de ellos son individuos desesperados, que ya en sus países de origen se han hecho a la idea de hacer lo que sea necesario para sobrevivir. Por ende, NO LOS SUBESTIMES. En tanto ciudadano uruguayo y habitante de un país más o menos estable, vos no sabés lo que es tener que cagar en la vereda o comer palomas para no morirte de hambre o que un negrillo cualquiera te meta un tiro porque sí; afortunadamente, en tanto compatriota y oriental tú no conocés el significado real de la palabra desesperación; ellos sí.

Por eso, una vez dicho esto, hay que aclarar que a estas empresas trasnacionales les sirve mucho contratar gente así; gente sin autoestima, gente que lamentablemente ha tenido que pasar por coyunturas apremiantes. Hay que reconocer que a la hora de la verdad los inmigrantes suelen ser empleados muy eficientes, ávidos por complacer; así que, reitero: NO LOS SUBESTIMES. Acordate que el mundo del trabajo puede llegar a ser muy cruel, y que los altos directivos de estas empresas no viven en el país en el que operan; en otras palabras, LES CHUPA UN SOBERANO HUEVO si el día de mañana un compatriota uruguayo pierde o no su laburo.

Ilustrativo de esto es el ejemplo de la última multinacional en la que trabajé. Verán: dos semanas antes de que se me terminara el periodo de prueba, nuestra encargada de oficina (una finlandesa soreta y según ella “esquizofrénica”) nos convocó sorpresivamente a mí y al resto de mis compañeros. De inmediato nos comunicó que de las veinte personas que habían entrado sólo seis iban a permanecer en la nómina de la empresa.

Por eso, es muy importante que lo recuerdes: NO SON TUS AMIGOS, SON TU COMPETENCIA, y vaya que si sabrán competir…

#4. LAS MINAS QUE TRABAJAN EN RECURSOS HUMANOS NO ESTÁN PARA AYUDARTE, ESTÁN PARA COMPLICARTE LA VIDA; ADEMÁS, LA MAYORÍA DE ELLAS SON ARPÍAS HORRIBLES ÁVIDAS DE PODER CAPACES DE HACER CUALQUIER COSA POR EXPEDITAR SU “CARRERA PROFESIONAL”

“Las mujeres son animadas a tener carreras porque su talento es valioso para el sistema y, aún más importante, por medio de trabajos regulares las mujeres están mejor integradas en el sistema y se atan directamente a él antes que a sus familias. Esto ayuda a debilitar la solidaridad familiar. (Los líderes del sistema dicen que quieren fortalecer la familia, pero lo que realmente quieren decir es que procuran que la familia sirva como herramienta eficaz para socializar a los hijos de acuerdo con sus necesidades. Razonamos en los párrafos 51, 52 que el sistema no puede permitir a la familia o a otro grupo social de pequeña escala ser fuerte y autónomo). Estos valores son explícitamente o implícitamente expresados o presupuestos en mucho del material presentado por los medios de comunicación de corriente de opinión mayoritaria y por el sistema educativo. Los izquierdistas especialmente del tipo sobresocializado, normalmente no se rebelan contra estos principios, sino que justifican su hostilidad a la sociedad afirmando (con algún grado de verdad) que esta no está viviendo conforme a ellos.”

  • «La sociedad industrial y su futuro» (1995) de Theodore Kaczynski, alias: Unabomber.

Creo sinceramente que los departamentos de RRHH de estas empresas, así como la ideología sobre la que se cimentan, son el CÁNCER de nuestra civilización.

Justo ahora que, como canta Shakira “las mujeres no lloran, las mujeres facturan” nos empieza a caer la ficha de que en realidad la mayoría de estas nabas no se bancan tener un laburo en serio; así que, en lugar de eso, los directores ejecutivos de estas empresas prefieren encerrarlas en pequeñas oficinas a hacer conferencias de video boludas, o si no a romperle las bolas a ese pobre banana que se pasa ocho horas por día atendiendo y devolviendo llamadas sin parar.

Pensarás que estoy siendo demasiado cruel con estas señoritas (todas ellas por supuesto egresadas con un título de psicóloga o si no con una tecnicatura en relaciones laborales; no me hagas reír, ¿ta?) ¡LA PIJA! Yo he visto a estas hijas de puta echar gente sin pestañear, aparte de bardear a gurises porque sí, por pavadas (por ejemplo, por querer chamuyarse a una compañera de trabajo que la verdad no era demasiado linda);

mirá, simplemente te pido que no te dejes engañar por ese impecable bronceado y esa perfecta sonrisa de dentífrico sin flúor; la dura realidad es que estas minas son una runfla de treintañeras inescrupulosas, sexual y emocionalmente frígidas, obsesionadas sólo con mantenerse en forma y postergar a como dé lugar la maternidad. Su “carrera profesional” consiste básicamente en pasarse todo el día haciendo video llamadas al pedo, almorzar viandas de ensalada dietética en Blé y mear a pibes por el simple hecho de ser pibes; ah, sí, me olvidaba: y también echarlos de manera sádica sólo porque pueden.

La foto: Un departamento de recursos humanos cualquiera. «¡QUÍTATE DELANTE DE MÍ, SATANÁS! ME ERES TROPIEZO, PORQUE NO PONES LA MIRA EN LAS COSAS DE DIOS, SINO EN LAS DE LOS HOMBRES»

#3. SI SOS UNA PERSONA JOVEN TENÉS QUE CALLARTE LA BOCA, DEJAR QUE TE BASUREEN, CON SUERTE SALIR LOS FINES DE SEMANA A TOMAR UNA NORTEÑA Y SI ESO NO TE LLENA Y LAS MINAS QUE TE GUSTAN NO TE DAN BOLA CUANDO CUMPLAS 30 AÑOS NO TE VA A QUEDAR OTRA QUE PEGARTE UN TIRO (IGUAL NO TE PREOCUPES PORQUE PROBABLEMENTE A ESA ALTURA URUGUAY LE HAYA COPIADO A CANADÁ Y LEGALICE EL SUICIDIO ASISTIDO; ASÍ QUE EN LUGAR DE UN TIRO CAPAZ QUE PODÉS OPTAR POR UNA INYECCIÓN LETAL)

Quizás esto que voy a decir a continuación suene un tanto exagerado y derrotista, pero, lo cierto es que en Uruguay no hay lugar para la gente como nosotros. ¡Y nunca lo va a haber! Y esto es así por un montón de razones que ahora no vienen al caso. Lo importante es que tú, querido lector, entiendas de una buena vez que dentro de poco la única forma de subsistir en esta farsa de país va a ser una de dos: o convertirte en un engranaje dedicado cien por ciento al funcionamiento de una empresa cuya labor y ganancias estén destinadas íntegramente al exterior, o si no, tener la suerte de salir sorteado para un empleo público.

¿No te gusta? ¡Jodete! ¿Quién te mandó a nacer en Uruguay?…

La foto: Patricia González Viñoly. O si no también podés dedicarte al curro de la política. Hasta las personas más inútiles e incluso las ̶(̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶ ̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶ ̶c̶e̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶ ̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶ ̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶,̶ ̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶ ̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶) pueden llegar lejos en política.

La siguiente pregunta es en serio: ¿Acaso alguna vez te pasó de conocer a alguien nacido y criado en este país que se sienta orgulloso del sólo hecho de ser uruguayo?

A mí la verdad que no, pero sospecho que a vos tampoco…

Ciertamente las circunstancias a las que se enfrenta la juventud actual no parecen malas en comparación a aquellas que enfrentaron generaciones pasadas (hablo sobre todo de los uruguayos de principios del siglo pasado y los del XIX; las generaciones nacidas entre la década del cuarenta y los setenta-ochenta han llevado en realidad una vida preciosa); sin embargo, es precisamente esta ausencia de conflicto y la permanente exaltación del confort y seguridad lo que se nos ha inoculado cual veneno en la sangre, y como resultado de ello el presente se ha vuelto una cosa insoportable.

Por otro lado, el porvenir no parece demasiado prometedor, y lo digo en tanto y en cuanto veo a las nuevas generaciones de uruguayos darle la espalda a todos esos hábitos y formas de vida que permitieron a nuestros abuelos y bisabuelos prosperar y abrirse camino a lo largo del tiempo; vistos panorámicamente, mis pares generacionales parecen preferir antes que el riesgo y el sacrificio una seca de porro o el último estreno de Netflix.

A veces me acuerdo de cuando el senado argentino aprobó en 2018 la ley del aborto; ¡La gente salía a festejar con una efusividad y una vehemencia tal que uno podría pensar que estaban celebrando, no sé, su declaratoria de la independencia! Pero no…, estaban festejando una responsabilidad menos, el asesinato en masa de los niños sin nacer; según ellos, la adquisición de “un derecho”.

Es en verdad irónico como ahora que no hay guerras ni desigualdades ni peligros reales nos sentimos más desgraciados que nunca.

Nunca vas a ver a Aldo Silva abrir Telemundo informándote de esto. A ellos no les interesás. Hay personas clase A y clase B.

#2. TODOS LOS MESES CELEBRAN ALGUNA FESTIVIDAD EN HOMENAJE A LOS PUTOS O ALGO A FAVOR DE LA MUJER Y TE SUGIEREN QUE VAYAS A LABURAR VESTIDO DE ROSA Y QUE PONGAS TUS PRONOUNS EN EL CHAT DEL GRUPO (TAMBIÉN SE LES DA POR PINTAR LAS PUERTAS DEL BAÑO CON LOS COLORES DEL ARCOÍRIS Y DEMÁS BOLUDECES)

¿Y me querés qué haga si no me gusta toda esa parafernalia que adoran los putos y las tortilleras y las únicas mujeres que encuentro más o menos tolerables están muertas?

¡¿EH?! ¡¿ME QUERÉS DECIR QUÉ HAGO ENTONCES?!

(Aparte lo peor es que ahora me acuerdo de esa finlandesa soreta que mencioné al principio de este artículo; la mina en cuestión era una perversa bárbara, te hablaba de su vida sexual sin prurito ninguno y de las cosas raras que hacía y de sus mambos mentales y la verdad un poco daba asco escucharla intentar hacerse la canchera en inglés; porque no sé si te conté, pero la hija de re mil putas no hablaba una sola palabra de español).

#1. COMO ESTÁ LLENO DE MINITAS NABAS TENÉS QUE CUIDARTE MUCHO DE NO DECIR NI HACER NADA QUE LAS PUEDA OFENDER SI NO VAN Y LE SOPLAN A LA ENCARGADA Y CUANDO QUERÉS ACORDAR TENÉS A LA SORETA DE RECURSOS HUMANOS RESPIRÁNDOTE BIEN DE CERCA EN LA NUCA

En uno de mis artículos anteriores desarrollé en profundidad por qué creo que la inclusión forzada de las mujeres en ciertos ámbitos laborales acarrea consecuencias nocivas al interior de los mismos.

Bueno, lo cierto es que en atención al cliente esto no es taaaan así. De hecho, atención al cliente es un rubro netamente femenino, en el que rasgos como la obediencia, la empatía y la extroversión (rasgos bastante presentes en la mujer) son muy valiosos.

Ahora, si sos como yo (un pibe blanco hétero de clase media con una educación universitaria inútil) probablemente mandaste el currículum pensando en de esa forma poder escaparle a áreas como albañilería o reposición de mercaderías; dicho de otra forma, sos un gurí vago que le gusta hacer cebo y no quiere saber nada con laburar de verdad; en ese sentido guardás ciertas similitudes con la hija de puta de recursos humanos (aunque, claro, en tu caso no hay una coyuntura institucional que te respalde constantemente; menos que menos un discurso ideológico que te proteja de las injusticias del día a día o te permita expeditar tu carrera profesional mediante cupos de género; lo lamento, sos hombre, te la vas a tener que bancar).

«En el espectro de inteligencia, una y otra vez se ha demostrado que las mujeres ocupan mayormente la parte intermedia del espectro del coeficiente intelectual. Sin embargo, en el caso de los hombres, a ellos los encontramos en los extremos opuestos. Hay hombres genios y hombres psicóticos. Es por eso que una de mis frases más destacadas es: ‘No hay una Mozart femenina, porque no hay una Jack the Ripper femenina’».

Pero el problema es que en comparación a esos dos rubros antes mencionados, los Call Center de estas multinacionales NO SON tan buenos como creés. En serio. Mirá que no debe haber ambiente laboral más frío y aséptico que la oficina vidriada de cualquiera de estas zonas francas; te juro que es tanta la represión y la mala fe que impera en esos entornos, que a veces la podés sentir en el aire.

Y acordate bien: dentro de las galeras de cristal de estas sucursales regionales, entre los copiosos y repetitivos cubículos de compensado barato en los que un día quizás te llegues a encorvar, NO HAY LUGAR para la transparencia, la honestidad o la espontaneidad; la dura verdad es que no existe un solo ápice de camaradería real entre vos y tus compañeros (algunos de los motivos por los que esto es así ya los mencioné, y tenés que tenerlos en cuenta en el caso de que quieras formar parte de estos entornos); de hecho la mayor parte del tiempo vas a estar obligado a comportarte como un animal en estado de cautiverio.

Teniendo en cuenta estas circunstancias, ¿En serio te asombra el crecimiento exponencial de las llamadas “enfermedades mentales”?

   *
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Hay un cuento de Horacio Quiroga que es buenísimo; se llama “Los buques suicidantes”. Como ya se imaginarán, la trama es bastante escabrosa y explora el tópico de la monotonía y la consiguiente desesperación que embarga a los marineros en alta mar. Salvando las distancias, algo similar ocurre en aquellos que reman llamada a llamada bajo la estricta vigilancia de estos gavieros del globalismo. De hecho, una vez pregunté a unos de mis encargados –Arturo Lima, se llamaba, me acuerdo– por qué en lugar de tener el aire acondicionado prendido, no optaba mejor por abrir las ventanas de la oficina; él me contestó algo así como que los directivos de la empresa habían dado la orden de que eso no se hiciera porque si no los empleados íbamos a empezar a arrojarnos desde las alturas (nuestra oficina quedaba ubicada en un tercer o cuarto piso).

¡Justo igual que como hacían los protagonistas de aquel cuento de Quiroga!

No sé si esa excusa con la que me salió era puro chamuyo o qué, pero sí me acuerdo que después de que me dijera eso pedí para ir al descanso y fui a la cantina y me encontré a una chiquilina llorando a moco tendido y quejándose porque, según ella, la habían echado sin motivo ninguno. Esta escena se me hizo bastante común durante un par de meses; quiero decir, ir a la cantina y cruzarme con gente llorando –bah, en realidad solo eran mujeres, los hombres se iban sin hacer muchos aspavientos– porque la acababan de despedir. Después me terminaron por rajar a mí (pese a que mis números eran más que correctos) y la verdad que aquella historia ya no me pareció tan inverosímil.

«Ring-a-ding-ding-ding, I’m going down, I’m coming round».

Felipe Villamayor.

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