Breve resumen de mi problema con Samuel Blixen (por qué su generación me da asco), el mito fundacional de la izquierda uruguaya y por qué me importa un carajo el tema de los desaparecidos


«TOMB IT MAY CONCERN»

Cuando hablamos de un mito fundacional, hablamos de un relato o de una narrativa de carácter simbólico que tiene por propósito moldear la identidad de un grupo de personas. Ésa es más o menos la definición estándar. La que si tenés suerte te enseñaron en el liceo. Pero, si aún te queda alguna duda, pensá en el cuento de Rómulo y Remo, aquella pareja de gemelos que fueron amamantados por una loba y cuya historia terminó por dar fundamento al imperio romano.
Cabe aclarar que un mito fundacional NO es un mito común y corriente, en tanto y en cuanto éste se caracteriza por ser el antecesor y el detonante del resto. El mito fundacional es –por ponerlo de alguna manera– como la primera película de una de esas sagas cinematográficas del estilo de Marvel o Star Wars.

Es importante subrayar que todo grupo o comunidad que se precie, organiza su discurso y su accionar a partir de un relato de estas características, pues, como ha quedado demostrado multitud de veces, es la forma más eficaz que tienen sus referentes de generar adhesión y cohesión al interior de sus filas, así como de congregarlas en momentos claves.

Dentro del espectro político uruguayo, no hay lugar a dudas de que actualmente es la izquierda la que posee el mito fundacional por excelencia. El resto de actores y coaliciones políticas –lo que algunos caritativamente tildan de “derecha” –, carece de un mito fundacional claro; quiero decir, ni el gobierno de Latorre, ni la revolución de 1897, ni las alocuciones wilsonistas han logrado despertar el mismo grado de ardor que la gesta tupamara durante la década de los sesenta.

Esto se explica en parte debido a que la verdad de los hechos se nos ha presentado de manera espuria, en acuerdo o complicidad con aquellos que en su momento hostigaron al país y a sus instituciones mediante actos terroristas. Actualmente, estos otrora jóvenes son los encargados de hoy día ocupar puestos de prestigio en instituciones tales como el periodismo y la academia. De ahí deriva básicamente la consolidación y constante propagación del mito fundacional de la izquierda uruguaya.

«Como el Judas de antaño / Mientes y engañas / Pero yo veo a través de tus ojos / Y veo a través de tu cerebro / Como veo a través del agua / Que corre por los desagües».

Ilustrativo de esto es el ejemplo del Sr. Samuel Blixen, escritor y docente de la Facultad de Información y Comunicación de la Udelar. A Blixen se lo conoce sobre todo por haber asesinado el 14 de abril de 1972 al profesor Armando Acosta Lara, además de haber herido a balazos a su mujer. El móvil detrás de este crimen habría sido el de la supuesta creación de un «Escuadrón de la Muerte» por parte de Acosta Lara. Según Blixen, este escuadrón fue un comando paramilitar de derechas ideado para cazar y torturar jóvenes tupamaros. Pese a las afirmaciones del docente, al día de hoy es sabido que el documento en el que se basaron él y sus compañeros para perpetrar sus atentados es falso. Pero esto no se trata de un hecho aislado, no, no; lo mismo ocurre con otros acontecimientos puntuales susceptibles de propaganda, tales como la llamada “Masacre de Brazo Oriental” (también conocida con el novelesco título de “El asesinato de Las Muchachas de Abril”), suceso por el que recientemente se penó con prisión al ex militar Juan Rebollo. Es importante señalar que la muerte de las tres jóvenes tupamaras (Diana Maidanic, Laura Raggio y Silvia Reyes) NO fue resultado de un acto de violencia gratuito por parte de los militares, sino que, de acuerdo a las pruebas de las que disponemos, la actuación de los mismos fue conforme a la ley; es decir, hace cincuenta años (sí, y es que esto ocurrió hace CINCUENTA AÑOS) los hoy condenados respondieron de forma proporcional a un ataque efectuado desde el interior de la finca en la que se escondían las prófugas (sí, prófugas que, detalle no menor, dentro de la propiedad disponían de varias granadas y armas de fuego) y que, no nos olvidemos, terminó por cobrarse la vida del capitán Julio César Gutiérrez.

Podrá no gustarte, pero los militares también son seres humanos; parafraseando a Shakespeare: «¿Acaso los militares no tienen ojos? ¿Acaso los militares no tienen manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se nutren de de los mismos alimentos, no los hieren las mismas armas, no padecen las mismas enfermedades, acaso no merecen justicia?”

Algunos me querrán putear recordándome el sexo y la edad de las víctimas; sí, sí, ya sé, las tres eran unas chiquilinas; a ellos me gustaría hacerles acuerdo de que los tupamaros TAMBIÉN ejecutaron mujeres y personas jóvenes, y, ojo, que su lista de cuerpos en el año 1974 redondeaba la cifra de 70; ¡Sí, 70!

Y es que, no sé si están enterados, pero los tupamaros asesinaron a un montón de gente, y, ojo, eh, la mayoría de ellos procedentes de entornos socioeconómicos humildes (¿Qué diría el bueno de Karl Marx al respecto?); algunos llegaron incluso a ser torturados de forma grotesca. Sin embargo, ¡oh casualidad! Ninguna de estas víctimas es recordada ni homenajeada sistemáticamente cada año como sí ocurre con los famosos “detenidos-desaparecidos”.

MILICOS LIVES MATTER!

Que quede claro: la muerte de estas tres jóvenes no es algo que debamos celebrar, bajo ningún concepto; pero aquí (así como en el asesinato de Acosta y Lara y otros episodios puntuales) entra aquello que al principio de este artículo señalé como la “naturaleza simbólica de todo mito fundacional”; aquí es cuando se da lugar ese embellecimiento ficticio con el que retrospectivamente se retratan hechos que en parte ocurrieron, sí, aunque lamentablemente para la Verdad, los mismos se presentan al público de forma distorsionada, con arreglo a los intereses de sólo algunos de sus protagonistas; pero bueno, esto es lo que ocurre siempre que los encargados de transmitir dichos hechos son los mismos involucrados.

NO PUEDE SER EL ODIO QUE LE TENGO A LOS COMUNISTAS CARRILLO POR FAVOR TRAÉ A TU BLOQUE DE BÚSQUEDA A URUGUAY Y HAGAMOS JUSTICIA COMO CORRESPONDE VOS Y YO METRALLETA EN MANO

Por qué llegó la hora de hacer un ajuste de cuentas generacional y tirar abajo el mito fundacional de la izquierda uruguaya

USTÉ CÁLLESE LA BOCA Y MUÉRASE DE UNA PUTA VEZ VIEJO DE MIERDA HIJUEPUTA

Voy a postular la nada novedosa idea de que lo que en primer lugar motivó a personajes como Samuel Blixen a anotarse a la lucha armada, no fue tanto el deseo de generar un cambio real y estructural en el país, sino el sentido de la aventura, la épica de la clandestinidad, toda esa mística publicitaria que generaron los círculos intelectuales de izquierda en torno a la guerrilla cubana. Pero el problema no es sólo que Blixen y su generación nunca hayan tenido la madurez suficiente como para hacerse cargo de esto, sino que, llegado el momento, en vez de pasar página, reconocer sus errores y dar un paso al costado, decidieron en su lugar engendrar una mentira, una GRAN MENTIRA, una mentira sazonada del más absoluto cinismo e hipocresía. Desde el retorno a la democracia, el mito fundacional de la izquierda ha sido la estrategia de la que se han valido personajes de la calaña de Blixen para conducirnos a este estado de deterioro y decadencia institucional en el que, lamentablemente, hoy día nos vemos inmersos.

Porque, que no te quepa la menor duda: el progresismo, este conjunto de disparates que diariamente se nos trata de imponer desde ámbitos de poder como la prensa o la academia, es hijo obediente del viejo relato sesentista. Y, pese algunos desplantes y pataletas, al momento de la verdad sigue al pie de la letra TODAS sus instrucciones. No es casual que la mal llamada juventud –o mejor dicho, esta suerte de parodia involuntaria de ella–, rejunte de púberes afeminados que quizás el día de ayer hubieran vestido con orgullo una remera del Che Guevara, hoy vista la T-Shirt con el eslogan de “Todos somos familiares”.

¿270 PE?
¡Una ganga!

Pero ojo, a mí no vengan con versos boludos; yo, al igual que un número cada vez mayor de jóvenes despabilados, no me trago una SOLA PALABRA de sus mentiras; de igual modo, ni a mí ni a ellos nos verán participar nunca de esas falsas liturgias que anualmente se celebran con aval del oficialismo por la avenida 18 de julio, ponderando a moco tendido a un santoral de falsos profetas (¡ME CHUPAN UN HUEVO! ¡ME CHUPAN UN HUEVO! ¡ME CHUPAN UN HUEVO!). Ustedes sólo engañan a aquel que quiere sentirse engañado. Cualquiera con dos dedos de frente no puede sino descreer profundamente de todo su voluntarismo berreta, de toda esa pose supuestamente virtuosa de la que, ¡Oh, sorpresa!, tanto insisten en ostentar en sus cuentas de redes sociales.

Por eso, hágannos el favor de seguir así, viejunos inmundos, bien hundidos en su charco de meo y naftalina, maltratando a la gente joven, subestimándola, cuidándose de apelar sólo a los más tontos de ellos, tratando de convencerse de que el resto hablamos poco y bajito, que ya verán…; llegado el momento se van a enterar de todo lo que somos capaces de hacer con aquello que no nos quisieron dar; ajustaremos cuentas, y sobre vuestras tumbas sembraremos sal y sobre vuestras mentiras kerosén y ni siquiera vuestro afán de continuar bien hundidos en su lodazal de mierda y gusanos será respetado.

¡Dame libertad o dame muerte!

JAJAAJAJAJAJAJ MIRALO CÓMO LO TIRA DEL HELICÓPTERO AL HIJUEPUTA KJJJEJEJEJEJEJ NAAAAAAH QUÉ CAPO (HAGAN DE CUENTA QUE ES EL PEPE DE JOVEN)

LIBERTAD O MUERTE
LOS PIBES EL DÍA DEL ENTIERRO DEL PEPE Y LUCÍA.

Felipe Villamayor (1996 – 2033).

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¡Gracias!

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