Carta de despedida


Para quien le interese,

Buenas a todos. Era para avisarles nomás que esta será la última entrada mía que leerán en el blog “a Contrapelo” (abro paréntesis para aclarar que a mí me gustaba pensar que esto era una “revista”, pero como todo el mundo insiste despectivamente con eso de llamarlo blog, voy a dar el brazo a torcer y de ahora en más le diré “blog”). 

En resumen, no me interesa saber MÁS NADA con la escritura ni con las charlas de política. He llegado a la conclusión de que todo eso es un teatrillo, una farsa que al final del día sólo beneficia a los mismos de siempre.

Ojo, me consta que hay gente buena, inteligente, desinteresada, que sí se come la cabeza reflexionando sobre estos temas e incluso emprendiendo acciones directas para cambiar las cosas; pero, resumiendo, creo que en el fondo sus esfuerzos son mayormente inútiles y no hay mucho que se pueda hacer al respecto.

Ojo, de nuevo, ¡POR FAVOR!, que esta misiva no se interprete como una especie de “llamado a la desesperanza”. No, no. Lejos de eso. Simplemente trato de sacar en limpio qué cosas son importantes para mí y qué cosas no; el trabajo, la familia, los seres queridos, eso importa; todo lo otro también, pero no tanto.

Lo cierto es que a mí lo que me motivó desde un principio a hacer esta página de mierda era la idea de ser escritor; ambición rara, por otro lado, ya que generalmente tiene como resultado llevarlo a uno a ninguna parte (precisamente el punto en el que estoy ahora). Supongo que también hubo algo de vanidad en ello (visto de cerca, ¿qué acto no es fruto de la vanidad?) deseos de demostrar algo a mí mismo y a los demás. Pero, la verdad es que como escritor soy bastante mediocre: lo único que hago al final del día es copiarle a mis ídolos, a gente como Fogwill, Bolaño o Chuck Palahniuk (siendo franco, todo mi “estilo” es una paráfrasis del de Chuck; lo siento, queridos lectores, en realidad no soy nada original, y es tanto mi fanatismo hacia ese trolo y enfermo mental que he llegado a leer TODOS SUS LIBROS, incluso los que no están traducidos al español). 

Mis “polémicas” ideas políticas, a su vez, son resultado de una mezcla de estudio, intuición y experiencia vivida; algunas de ellas aún están en estado embrionario lo reconozco; otras, sin embargo, me parecen tan ciertas y evidentes que a veces quedo perplejo cuando alguien me tacha de loco por pensar así. 

Al final, eso que decía Nietzsche en su genial autobiografía, “Ecce Homo” (es uno de mis libros favoritos de él, en serio, se los recomiendo, ¡Está demasiado subestimado!) de que, “en última instancia, nadie puede oír en las cosas, incluidos en los libros, más de lo que ya sabe”, pues “se carece de oídos para escuchar aquello a lo cual no se ha tenido acceso desde la vivencia” sigue siendo tan real que asusta; y aquellos que se escandalizan ante ideas como las mías o que las menosprecian o piden que se las censure, quizás un día, luego de mucha reflexión y años de vida, logren ver la luz y se dén cuenta de su irrefutabilidad; otros, por supuesto, no lo harán nunca;

a ellos, aún así, envío mis más fraternales respetos.

Hubo gente de los medios y de la política que durante estos días me ha hecho llegar de forma privada sus mensajes de “apoyo”. Todo bien. Gracias. Pero no me interesa saber nada de ustedes. ¡Ojalá un día el uruguayo medio se dé cuenta de la estafa tan grande que supone para una sociedad sana la sola existencia de estos chupasangres!

Asimismo, salvo excepciones como Diego Andrés Díaz o Aldo Mazzucchelli, no rescato a muchos intelectuales de la vuelta que en mi opinión valgan la pena o sean valientes. Como ya dije antes –bah, en realidad como ya dijo el Buen Libro– “vanidad de vanidades, TODO ES VANIDAD”. 

Sobre la expulsión, no hay mucho que agregar, salvo que al final resultó ser bastante inútil, ya que seguiré estudiando (¿Por qué no debería de hacerlo? ¡Yo trabajo, y la educación se financia con mis impuestos, ¿No?; Ergo, estoy en mi derecho a seguir haciéndolo!), Uds., no saben cómo, pero ya encontré la manera, ¡KJJJJJJJ!, y esta vez, por el bien de todos, prometo fingir y no pasarme de listo …

Sin fingimientos (al menos por esta vez) y hasta nunca, amigos,

(No traten de contactarme, basta de cartas largas de minitas nabas, por favor)…

Felipe Villamayor.

P.D.: Si a alguien le interesa, al final de esta carta adjuntaré la versión corregida de mi libro de cuentos; el único motivo por el que en realidad empecé esta página; todos los demás artículos y relatos que escribí me parecen malos y por completo prescindibles, fueron publicados únicamente a modo de catarsis o ejercicios de estilo:


3 respuestas a “Carta de despedida”

  1. Estimado Felipe: Me sorprende y me resulta ingrata esta noticia. Creo, ya te lo he dicho, que cumplís un rol necesario en esta sociedad delicuescente. Sos una voz joven, fresca, viril, valiente. Vas a dejar un vacío importante. Creo que cabría la posibilidad de priorizar esos bienes que decís, sin abandonar esta trinchera. Te mando un abrazo fuerte.

  2. A todos nos vence el sistema por cansancio , hiciste tu parte ,nadie te puede sacar eso. Son más los obsecuentes fanatizados que los ciudadanos racionales. Hace mucho que abandoné twitter y nunca me manifiesto en la web , pero siempre me gustó tu web ,eres el representante local de lo anti-woke . Felicitaciones por tu trabajo.

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