Sobre acostarse con prostitutas


SOBRE ACOSTARSE CON PROSTITUTAS.– Cuando digo que no hay experiencia más liberadora y a la vez más repugnante que acostarse con una prostituta, no me refiero necesariamente al acto en sí, o a la serie de pasos previos antes de concretarlo (seleccionar a la alegre muchacha cual prenda en un catálogo de ropa, contactarla por celular, definir el cuándo y el dónde del encuentro, etc., etc.,); sino más bien a ese momento de lucidez producto de la tristeza poscoital en el que el hombre se ve cara a cara (despojado esta vez de máscaras y de cualquier tipo de adornos) con la condición femenina en su forma más cruda.

Este instante de claridad, el cual, para ser franco, a la mayoría de los hombres de mi generación dada su cobardía les está vedado, suele revelarse en la forma de varias e intrigantes reflexiones: ¿Es en verdad cierto el verso ese de que el macho es por defecto esclavo de su angustia y deseo sexual, de las zarpas del instinto procreativo? ¿Son acaso las féminas por naturaleza más “virtuosas” y “moderadas” en este aspecto que sus pares masculinos? 

Bueno, alcanza sólo con echar un vistazo a la sexualidad femenina para llegar a la conclusión de que en apariencia esta es distinta y más compleja que la del hombre. Por poner un ejemplo, si consultamos cualquier libro de biología humana (de esos que leía Raúl Sendic en Cuba), las mujeres son “multiorgásmicas”, es decir, “capaces de experimentar varios orgasmos seguidos en un mismo encuentro sexual o en un periodo muy corto de tiempo”; esto no ocurre en el hombre quien, de hecho, debe esperar un lapso de minutos luego de haber alcanzado su orgasmo para reanudar el coito. Las mujeres, por otra parte, no se ven obligadas a sostener una erección durante la relación o, para el caso, tampoco a “rendir” u ocupar permanentemente el rol activo durante la misma; su placer se ve reforzado por esta pasividad y por el hecho de saberse receptoras del deseo y la veneración masculina. 

En efecto, las mujeres en general disfrutan más del sexo que los hombres, y es sabido que cuando alguna de ellas se ve privada de su pareja o acompañante sexual predilecto (quien suele presentarse en la forma de un macho dominante con abundantes recursos económicos o un notable estatus social dentro de un determinado grupo particular, además de un miembro viril de tamaño y dimensiones considerables) estas caen en la neurosis o en el activismo político. Esto curiosamente en contraposición al varón medio quien, a menudo, ve en su angustia y frustración sexual la puerta de entrada a su creatividad e invención, atributos como ya sabemos responsables de todo avance y logro tecnológico o cultural de importancia.

Camille Paglia resumió muy bien esto en su genial aforismo: “Si la civilización occidental hubiera quedado en manos de las mujeres, todos seguiríamos viviendo en chozas”.

Y es que, si Occidente no hubiese sido fundado sobre el patriarcado, sobre la racionalidad y disciplina inherentes al pater familias, no me cabe la menor duda de que ahora mismo estaríamos viviendo en un estado permanente de coito y goces extremos, en una especie de rústica guarida en la que la gran mayoría de las mujeres complotaría entre sí para convertirse en el receptáculo de semen de un reducidísimo grupo de hombres viriles y dominantes.

¡Es así! ¡En serio! Y la supuesta liberación femenina (¿Dije liberación? ¡Debería haber dicho esclavismo, sumisión…! Ja, ja, ja) así lo confirma cuando critica vehementemente inventos cristianos como el “amor cortés” o el “culto a la dama”, exigiendo en cambio la desromantización completa de la sexualidad y haciendo apología permanente a flagelos como el aborto o la difusión irrestricta de la pornografía y el sexo casual.

Sobre la prostitución y sobre cómo son precisamente las mujeres y no los hombres quienes la ofertan en el mercado, no diré nada, excepto que es una prerrogativa que sólo pueden permitirse ellas, mientras que, en cambio, los hombres debemos resignarnos a trabajar con el sudor de nuestra frente.

Con. Franz Miksizpuhtulk.

Nota extra: Si te interesa colaborar con el mantenimiento del sitio, podés hacerlo a través del siguiente link a Mercado Pago: link.mercadopago.com.uy/acontrapelorevista
¡Gracias!


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *