Sobre Agustín Laje y el «libro negro de la nueva izquierda»


SOBRE AGUSTÍN LAJE Y “EL LIBRO NEGRO DE LA NUEVA IZQUIERDA”.– No hay peor castigo para un hombre que trabajar como subordinado a una mujer; dicho castigo, lamentablemente, me fue impuesto años antes de haber reclamado mi título de aristócrata.
En el año de nuestro Señor dos mil veintidós, fui llamado a desempeñar el rol de mercader en uno de esos vastos bazares de la posmodernidad también conocidos con el nombre de “Shopping Centers”. Este se encontraba ubicado a pocos metros de Avenida Italia, en el sórdido distrito de Malvín Norte. Creo haber mencionado en una vieja misiva que el local en el que trabajaba era «pequeño», y lo cierto es que dicho adjetivo no le hace justicia a las verdaderas dimensiones de la góndola, la cual era, en realidad, eso que se conoce en el argot de ventas como una «isla»; ya sabéis, uno de esos mínimos establecimientos de tres por dos ubicados al paso y de forma lateral; esos en los que la gente va a comprar casi que de casualidad… 

Todos los días, puntualmente y de manera rotativa, me veía obligado a traspasar los umbrales de aquella reluciente y elefantiásica feria de vidrio y acero en dirección a mi puesto de librero en –como creo que ya dije antes– una pequeña caseta de libros. A pesar de mis reiterados esfuerzos por ofrecer a nuestra clientela una selección más amplia y diversa de pergaminos, basura folletinesca, libros de estudio en inglés y literatura feminista conformaban el exiguo total de las ventas.

Había un texto, sin embargo, que todas las semanas atraía la atención de cierto sector del público. Se trataba de un libro poco menos que maldito, que la mujer que por entonces era mi encargada se aseguraba siempre de colocar en uno de los últimos estantes debajo del mostrador, garantizándole así la menor exposición posible. Este era el libro favorito de un grupo amplio de jóvenes raros y humildes, frecuentemente denostados mediante el apelativo de “virgos” o “inceles” –haciendo alusión así, por supuesto, a su escaso éxito sexual, además de a su evidente talante conservador–.

Cada semana, sin falta, aparecían uno o dos de ellos a pedir el libro, y siempre de mala gana mi compañera o encargada se resignaban a sacarlo del estante donde lo habían escondido para así poder entregárselo. Aún recuerdo cómo durante la transacción sus gestos y actitud –así como los comentarios que realizaban una vez concretada esta– evidenciaban un claro desprecio, producto de haber tenido que lidiar apenas un par de minutos con aquellos muchachos que, me parece preciso aclarar, eran en todo momento amables y educados y por lo tanto merecedores de un trato correcto.

El texto del que estoy hablando es, por supuesto, “El libro negro de la nueva izquierda”, del autor argentino Agustín Laje, quizás uno de los motivos para volver a creer en el poder removedor de las letras, un texto que, al igual que libros como “La cabaña del tío Tom”, “El manifiesto comunista” o “Mein Kampf”, es en parte responsable de haber encendido en latinoamérica la mecha de los nuevos cambios que se están por venir. Me pregunto yo: ¿Serán acaso estos jóvenes que hablan poco y en voz baja los nuevos líderes del mañana, aquellos que avancen vengativa e inmisericordemente sobre esas instituciones que los han expulsado y una vez hecho esto impongan un nuevo orden? No lo sé, pero lo que no me cabe duda es que ellos se están preparando. Y Milei es apenas el comienzo.

Con. Franz Miksizpuhtulk.

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