Sobre el verdadero problema del Frente Amplio


SOBRE EL VERDADERO PROBLEMA DEL FRENTE AMPLIO–. Algo que me asquea y fascina en partes iguales, es esa visión rousseauniana que tiene la vieja izquierda en general sobre lo que ellos llaman la “clase obrera”. 

Esto también aplica, diría yo, para un amplio sector del progresismo actual, quienes, por supuesto, también la idealizan, aunque siempre cuidándose de guardar una prudente distancia respecto de ella (a veces incluso poniéndose guantes, o colocando de por medio una figurada barrera de contención). 

Para mí, es más que evidente que lo que impera entre estos últimos es una especie de rechazo patológico a todo amago de rudeza o esfuerzo físico, de ahí esa obsesión enfermiza por evitar ofender o discriminar a determinados grupos de personas (excepto, por supuesto, a aquellos a los que a través del poder de la ley y la cultura han conseguido tachar a priori de “asesinos”, “violadores”, “acosadores”, “desalmados”, etc., etc.,), así como esa obsecuente inclinación de parte de ciertos jóvenes de sus filas hacia la militancia estudiantil (seamos sinceros: el triste intento de obtener sexo fácil con gurisas holgazanas sin padre ni futuro). 

Pero el punto es que esta concepción del obrero o del ciudadano medio como una suerte de “buen salvaje” (hablando siempre en términos rousseaunianos, por supuesto) no se corresponde con la realidad. El hombre es por defecto un ser cruel y egoísta, y esto es así no por causa del mercado o por una serie de estructuras jerárquicas cuyo objetivo haya sido arrancarlo arbitrariamente de un supuesto estado de beatitud primitivo, ¡NO! ¡NO!; ¡Esto es así por una cuestión de mera supervivencia!

Cuando en algunos de sus largos paseos por los alpes suizos el filósofo alemán Friedrich Nietzsche reflexionaba cáusticamente acerca del plan de los socialistas para minimizar el dolor y las molestias que acarrea la existencia a través de políticas niveladoras que brindaran “igualdad” y “justicia” a la población europea, nuestro súper hombre jamás podría haberse imaginado un escenario como el que logró propiciar el Frente Amplio en el Uruguay; uno en el que la superación y el ascenso social se midiesen exclusivamente por la capacidad de consumo y gratificación inmediata; uno en el que el “acceso a la cultura” se viera reducido a una suerte de álbum “gratuito” de figuritas, en el que el asistir a eventos propagandísticos o consumir pasivamente productos culturales degradantes e insípidos de repente volviera al espectador alguien más “culto” o “enriquecido”; uno donde la educación adoctrinase y uniformase masivamente a los jóvenes, idiotizándolos y anulando su potencial para funcionar en la cotidianidad; uno sin ejes vertebrales u horizontes religiosos a los que aspirar y en el que el individuo se viera completamente sumido en la desesperanza y en la trivialidad; uno en el que el obrero desechase de entrada la posibilidad de formar una familia y optase, en cambio, por un auto o una consola Playstation 5 en 12 cuotas sin interés… 

La verdad es que el último hombre de Nietzsche es un poroto al lado de cualquier foca frenteamplista o, para el caso, cualquier blanco pillo.

Con. Franz Miksizpuhtulk.

Nota extra: Si te interesa colaborar con el mantenimiento del sitio, podés hacerlo a través del siguiente link a Mercado Pago: link.mercadopago.com.uy/acontrapelorevista
¡Gracias!


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *