SOBRE PEGARLE UNA TROMPADA A UNA MUJER


SOBRE PEGARLE UNA TROMPADA A UNA MUJER. En Youtube hay un mano a mano muy interesante entre el psicólogo clínico Jordan Peterson y la crítica e intelectual neoyorquina Camille Paglia. 

En un tramo del diálogo, Peterson menciona cómo en los entornos masculinos existe una suerte de pacto tácito mediante el cual los hombres aceptan no pasarse demasiado de la raya el uno con el otro, pues, de lo contrario, corren el riesgo de que su discusión escale a una riña física: «that underlying threat of physicality it’s always there», dice Peterson, haciendo notar como es precisamente esta amenaza implícita lo que hace que las interacciones entre hombres sean tan amenas y constructivas; algo que, sin embargo, no ocurre en las disputas entre hombres y mujeres, y cita como ejemplo a una estudiante que constantemente lo agravia acusándolo de nazi y amenaza con escracharlo durante sus ponencias universitarias: «the techniques that I would use against a man who is unfairly trespassing my boundaries, are forbidden to me in the case that she is a woman» (traducido al español: Las técnicas que usaría contra un hombre que traspasa injustamente mis límites, me están prohibidas en el caso de que la agresora sea una mujer”), explica algo rebuscadamente el Fernando Andacht canadiense. 

Aquí encuentro un argumento bastante sólido contra el famoso dogma de la igualdad entre los sexos, y es que, si hombres y mujeres debemos a fin de cuentas aspirar a ser iguales, ¿por qué en una situación como la que plantea Peterson debo sistemáticamente presentarme ante mis “pares” femeninos de manera mansa y desvirilizada, agachando la cabeza y no contestando con una trompada a cada uno de sus agravios? 

¿Qué, no se supone que somos “iguales”? 

Ahora bien, no faltará quien llegado este punto argumente que la fortaleza de la mujer reside precisamente en eso: en su uso de la dialéctica, en el sofisticado “arte de la discusión”; pero, vamos, seamos honestos, esto es en general una GRAN MENTIRA: es de sobra sabido que en el ámbito de pensar y razonar de manera lógica las mujeres NO ESTÁN en pie de igualdad con el hombre; ellas simplemente no fueron diseñadas para eso, y así lo demuestran al recurrir todo el tiempo a sensiblerías baratas, chantajes emocionales o lemas y eslóganes de fácil repetición del estilo de «Muerte al macho«, “Mi cuerpo, mi decisión”, “No se nace mujer, se llega a serlo” (¿Existe mentira más grande que la que expresa este aforismo?)

Pero ojo, que no seamos iguales o que las mujeres en general no sean tan lógicas y racionales como los hombres, no es en sí una objeción contra la condición femenina, sino un reconocimiento de las diferencias innatas entre ambos sexos y de cómo éstas deberían tenerse en cuenta al momento de organizar una sociedad (con esto simplemente estoy queriendo decir que hay un montón de cosas en las que las mujeres se destacan y los hombres no, y viceversa)

Y es que necesitamos, en definitiva, un modelo mejor que este, y no uno que, en aras de imponer la igualdad, confiera privilegios e impunidad absoluta a la mujer en todos los ámbitos habidos y por haber. Pero claro, esto requeriría que ellas en su totalidad reconocieran que ahora mismo tienen demasiado poder en sociedad, y bueno, mejor encabritarse y echarle la culpa al otro, ¿no?

Con. Franz Miksizpuhtulk.

Nota extra: Si te interesa colaborar con el mantenimiento del sitio, podés hacerlo a través del siguiente link a Mercado Pago: link.mercadopago.com.uy/acontrapelorevista
¡Gracias!


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *