SOBRE POR QUÉ LA DEMOCRACIA ES UNA MIERDA


SOBRE POR QUÉ LA DEMOCRACIA ES UNA MIERDA NIHILISTA, Y POR QUÉ EN ÉPOCAS MÁS CIVILIZADAS CUANDO EL PUEBLO SE CANSABA PRENDÍA FUEGO EN LA PLAZA PÚBLICA A LOS SÁTRAPAS QUE TENÍA POR “LÍDERES”.—La noción casi sacralizada de la palabra «democracia», la vieja costumbre de los políticos uruguayos de hacer gárgaras con ella, de utilizarla siempre que les convenga, como una suerte de comodín empleado de taquito para advertir “desinteresadamente” sobre los peligros de alejarse de ella, cuidándose siempre de no abordar nunca los matices o problemas específicos que entraña dicho régimen, es el gran obstáculo a vencer para todo oriental romano de pura cepa en el siglo XXI. 

Pocos se atreven a admitirlo, pero la fe en nuestra democracia se sostiene muy débilmente a partir de un cierto número de pilares demostrablemente falsos. El primero de ellos es el dogma de la igualdad, el paradójico planteo de que todos somos iguales independientemente de nuestras diferencias sociales o biológicas, o de cuánto contribuyamos o no a la sociedad, y qué grado de responsabilidad ejerzamos en ella. 

Esto suele justificarse, en cierto modo, apelando al remanido argumento de que ante la ley y sus instituciones todos los ciudadanos son tratados de forma imparcial, sin que ninguno de ellos goce de privilegios o padezca de discriminación alguna.

Por supuesto que sí…

El segundo es el que un sistema democrático se sostiene –al menos en sus instancias decisivas– sobre la base de una participación ciudadana activa y heterogénea; el problema es que, a groso modo, el sentir colectivo de los uruguayos no refleja esto, sino más bien lo contrario, siendo la apatía y el resquemor hacia los títeres del régimen y la casi totalidad de sus actos el estado de ánimo dominante en la población. ¡Basta con ver quiénes van a ser los próximos candidatos a presidente en las elecciones de octubre –Orsi y Delgado–, la escasa adhesión y entusiasmo real que despiertan en la ciudadanía, el que la mayoría de nosotros sostengamos que el vernos obligados a tener que elegir entre uno u otro supone nada más que una pantomima y no una disyuntiva real, para confirmar la falsedad y estupidez del proceso eleccionario!

El tercero parte del supuesto de que nuestros líderes y representantes son actores transparentes y responsables de cada una de sus acciones ante la ciudadanía. 

¡Minga! 

En primer lugar, nadie conoce a sus “representantes”. De hecho, muy en línea con los intereses partidocráticos de nuestra élite dirigencial, en Uruguay rige un sistema electoral conocido popularmente con el nombre de “lista sábana”, el cual establece que sean las autoridades de los partidos las responsables de pactar de antemano las listas de candidatos que van a postularse para ocupar una banca en el parlamento, y no Juan Pueblo –es decir, ¡VOS!– .

Cabe aclarar que aquí no hay nada de “transparente” o “democrático”, sino todo lo contrario. Pensalo así: en última instancia, se trata de un reducidísimo grupo de actores el encargado de redactar las listas y elegir quiénes van a ocupar un escaño en el parlamento, independientemente de sus capacidades (bueno, de hecho, si tuvieran alguna, no serían políticos en primer lugar, ¿no te parece?). Vos lo único que hacés es dar tu despistado OK y hacer de cuenta que acá no pasó nada…

Y claro, en virtud de esto, nuestros “representantes” sienten poca o nula lealtad hacia aquellos ciudadanos que de boca para afuera dicen “representar”, respondiendo la mayor parte de su legislatura a las órdenes de los líderes de partido o, cuando no, a los designios de lobbys particulares u organismos internacionales, quienes, es importante acotar, NO REPRESENTAN EN ABSOLUTO la voluntad y los deseos del pueblo llano.

¿Qué? ¿En serio te creés que proyectos de ley como –por ejemplo– aquel que tipifica como “delito de odio” la negación del holocausto judío o el “negacionismo del terrorismo de estado” en Uruguay durante los setenta, parten de una suerte de “voluntad popular”, del interés genuino de la gran mayoría de los uruguayos?

No. No. Parten de poderosos lobbys particulares (el primero del comité central israelita, el segundo de familiares de detenidos desaparecidos); y no quiero ni hablar sobre qué rol juegan aquellos que financian de manera “desinteresada” el funcionamiento de estos cárteles también conocidos con el nombre de “partidos políticos”.

Vive de la tuya y vos no llegás ni a mitad de mes

Fijate además cómo ninguno de sus integrantes siente jamás la obligación de explicar o justificar sus acciones y decisiones. Y es que, sátrapas de carrera como Jorge Gandini o Carolina Cosse se metieron en política nada más que para su propio beneficio y el de sus familias; no para ayudarte a vos o a tu vecino. Es así. Ellos simplemente hacen lo que se les antoja. No importa que el primero no devuelva los viáticos de sus onerosos viajes, o que la segunda costee obras públicas a sobreprecio por millones y millones de dólares; ellos son políticos y pueden hacerlo, tú no eres quién para sujetarlos a crítica ninguna.

Ellos no te odian; simplemente te desprecian; sienten que pueden hacer contigo y con tu dinero lo que se les cante, y tú debes de someterte…

En última instancia, rinden cuentas únicamente a quienes en secreto financian sus campañas o, en su defecto, a aquellos organismos extranjeros que les prestan cuantiosas sumas de dinero para endeudarnos durante un montón de décadas por venir.

El cuarto pilar es algo así como la “voluntad popular” de los gobernados, la, en definitiva, esperanza de un rebaño de infelices de que al final del día una casta de ñoquis inútiles buenos-para-nada pueda facilitarle o solucionarle de algún modo las cosas. El peligro aquí, al menos para la democracia y la mayor parte de sus súbditos, estriba en el surgimiento y consolidación de una nueva clase de individuos envidiosos y resentidos, pertenecientes a una élite «ilustrada», la cual anhela en secreto con vivir holgadamente de representar los intereses del “pueblo” o cuando no de «x grupo» de desposeídos. Hablo principalmente de crápulas como Leandro Grille o les muchaches de la Diaria y la intelligentsia de la URSSdelaR, gente que nunca tuvo que levantar una pala en su puta vida, pero aun así gusta de jugar todo el tiempo a ver quién puede echar más nafta a los reclamos absurdos del lumpenaje sindical o las mafias de género, ilusionándolos con la llegada de una suerte de etapa final de la historia, con un utopismo, por supuesto, inalcanzable, cuyo propósito real es asegurarse de que todos estemos igual de cagados de hambre y sin ganas de salir adelante, excepto ellos, por supuesto; nunca pasándoseles por la cabeza que más temprano que tarde los gastos por daños de incendio y derrumbe social los paga el mismo boludo de siempre.

YA ESTAMOS AHÍ, GRILLE, YA ESTAMOS AHÍ.

Con. Franz Miksizpuhtulk.

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