SOBRE “THERE ARE MORE THINGS” DE JORGE LUIS BORGES Y LA EXISTENCIA PROBADA DE FENÓMENOS SUPRANATURALES


SOBRE “THERE ARE MORE THINGS” DE JORGE LUIS BORGES Y LA EXISTENCIA PROBADA DE FENÓMENOS SUPRANATURALES.—Llama la atención a muchos cinéfilos como la primera escena de la película “The Exorcist” parece tener poco o nada que ver con el resto de la cinta. Ciertamente el tono pesadillesco que consigue establecer William Friedkin –todo en medio de las ruinas de una antigua ciudad mesopotámica, acentuado a su vez por los terroríficos ladridos de una jauría de perros rabiosos– no da la impresión de cuadrar demasiado bien con buena parte de la primera hora de metraje y con la mundanidad del día a día de la joven Regan y su madre. Al menos en un primer visionado. 

Por si no se acuerdan o no la vieron, la secuencia inicial de la película transcurre en un paraje desértico iraquí, en lo más profundo de un campo de excavaciones arqueológicas. Allí, el padre Lankester Merrin –uno de los exorcistas a los que hace alusión el título de la franquicia–, se encuentra entre las ruinas una estatua del demonio mesopotámico Pazuzu. Enseguida de esto, la cámara de Friedkin oscila entre un primer plano del rostro del cura y el cuerpo –mitad perro, mitad bicho alado–, de la criatura. Lo que parece sugerir la narración es que el malévolo ser ha vuelto a romper sus cadenas y que más temprano que tarde el padre Merrin deberá enfrentarlo. 

La escena presagia sin lugar a dudas que algo terrible está por ocurrir, y siempre me hace acordar a la trama de aquel breve cuento de Borges incluido en el “Libro de arena”, titulado –curiosamente en inglés– “There are more things”. 

Dije cuento, pero en su lugar debí decir advertencia, pues, al igual que la película que acabo de mencionar (una parábola acerca de los peligros sociales que entraña la revolución sexual, la pérdida de fe y autoridad religiosas), el relato del maestro argentino es eso en realidad: una advertencia.

There are more things” abre con un epígrafe a “la memoria de Howard P. Lovecraft”, el famoso autor estadounidense creador del “cosmicismo”. Es clave recalcar que el mismo guarda muchas similitudes en cuanto a personajes y tópicos con la obra del norteamericano. Hay, por ejemplo, una casa embrujada, un académico que desciende a los infiernos de un pueblito campesino a llevar a cabo una investigación, sueños inquietantes y muchas menciones a autores arcaicos del estilo de Marco Anneo Lucano. En el centro de la trama, yace el enigma de la de la “Casa Colorada” y la inexplicable desaparición de su último dueño, el “judezno” Max Preetorius. Cerca del desenlace, el narrador-protagonista del relato decide irrumpir dentro de la casona y descubre allí los rastros de un ser que no parece ser de este mundo. Una vez llegado el párrafo final, cuando la tensión narrativa ya ha alcanzado su cénit, el protagonista confiesa que su curiosidad pudo más que el miedo y que durante el encuentro con la criatura decidió mantener los ojos abiertos.

Lo que llega a ver nunca se nos describe, pero quizás guarde algún parecido con el testimonio de uno de los personajes de la novela corta “El horror de Dunwich”, en mi opinión, una de las inspiraciones del argentino para crear su cuento:

Es mayor que un establo… todo hecho de cuerdas retorcidas… Tiene una forma parecida a un huevo de gallina, pero enorme, con una docena de patas… como grandes toneles medio cerrados que se echaran a rodar…. No se ve que tenga nada sólido… es de una sustancia gelatinosa y está hecho de cuerdas sueltas y retorcidas, como si las hubieran pegado… Tiene infinidad de enormes ojos saltones…, diez o veinte bocas o trompas que le salen por todos los lados, grandes como tubos de chimenea, y no paran de moverse, abriéndose y cerrándose continuamente…, todas grises, con una especie de anillos azules o violetas… ¡Dios del cielo! ¡Y ese rostro semihumano encima…!”

Creo que, en definitiva, ambos relatos configuran una suerte de llamado de atención sobre el mal y lo desconocido; un tirón de orejas a nuestro dogmatismo científico y un recordatorio de que, a veces, cuando los axiomas de la razón fallan o no son suficientes, la religión o lo “fantástico” es capaz de ingeniárselas para darnos una mano; eso sí, siempre y cuando nos atrevamos a mantener los ojos abiertos.

¿Cómo sería el habitante? ¿Qué podía buscar en este planeta, no menos atroz para él que él para nosotros? ¿Desde qué secretas regiones de la astronomía o del tiempo, desde qué antiguo y ahora incalculable crepúsculo, habría alcanzado este arrabal sudamericano y esta precisa noche?

Con. Franz Miksizpuhtulk.

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