Por qué Andrea Tuana, Lilián Abracinskas y Carmen Sanguinetti son unas (̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶ ̶(̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶)̶ ̶(̶c̶e̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶)̶ ̶(̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶)̶ ̶(̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶) y por qué las pendejas de ahora son todas una trolas que sueñan con vivir del OnlyFans y además por qué los pibes de ahora se pasan todo el día jugando a la play o si no matándose a pajas y no quieren saber nada con laburar y salir adelante


«MTTT BOMMMM»

Hace poco comentábamos en el podcast que durante los años 2017-2018 hubo toda una generación de varones que empezó a realizar sus primeros escarceos sexuales bajo la tiránica sombra del feminismo. Con esto me refería a aquellos jóvenes que, apenas alcanzaron la mayoría de edad, tuvieron que aprender a andarse con pies de plomo al momento de entablar y sostener relaciones con una mujer. No sé si se acuerdan, pero por esa época eran muy comunes los escraches, a veces por motivos irrisorios. De hecho, en el podcast menciono por arriba cómo en la ciudad de La Paz hubo un grupo de feministas que llevó a cabo varias campañas de señalamiento a varones menores de edad; obviamente sin que ello le significase consecuencia legal ninguna a las responsables, y esto ocurrió así porque estas gurisas eran de izquierdas, y además contaban con el respaldo de ONGS feministas bancadas con capitales públicos y extranjeros, tales como El Paso o el MYSU.

Quizás no lo sepas, pero si fuiste un guacho joven durante el periodo 2016-2020 esta mujer te odia. (The kind people/ Have a wonderful dream/ Make it real, please/ Make the dream real).

Anécdotas sobre este particular modus operandi de las feministas abundan. Simplemente pregúntenle a cualquier joven menor de treinta años. Yo mismo he tenido algún que otro encontronazo o amenaza de denuncia de parte de estas rayadas. Ni qué hablar de conocidos que, de un día para el otro, vieron su foto aparecer en redes sociales bajo el rótulo de “violento” o “violador”, junto con un extenso comunicado anónimo en el que sin ninguna prueba se detallaban todo tipo de abusos en los que el varón en cuestión supuestamente habría incurrido. También conocí a tipos que llegaron a estar presos durante meses por acusaciones sin pies ni cabeza. Sí; así como lo oyen.

Lo más gracioso, sin embargo, le pasó a un amigo cercano, que estuvo en pareja durante un tiempo con una mina que ahora es periodista en MVD Portal. Escuchen esto: luego de romper con ella, la chica, en un brote de perversísimo delirio, llegó a acusarlo de haberla embarazado; acto seguido, le echó en cara el haber tenido que practicarse un aborto y, finalmente, días después –conmigo como testigo presente–, lo llamó llorando para confesarle que todo era una gran mentira; la mina en cuestión nunca estuvo embarazada, menos que menos pensó en hacerse un aborto; ella simplemente armó todo aquel teatro para torturarlo.

Como ya sabrán, este tipo de chantaje sentimental es propio en menor o mayor medida de la mujer moderna, y ha obligado a un montón de hombres a –como ya dije en el primer párrafo– ser MUY cuidadosos.

Algunos, de hecho, han preferido cortar por lo sano y dejarse de boludeces. Tengo un amigo (juro que no soy yo, en serio, no me da la plata) que desde hace dos años se ha convertido en un asiduo consumidor de prostitutas. Por lo que me contó él, tras una seguidilla de noviazgos complicados, pudo entender que, tal y como están las cosas, le es imposible al hombre moderno amar a las mujeres del siglo XXI; que, en realidad, luego de conocerlas a fondo, se ha dado cuenta de que el único amor que es capaz de sentir por ellas es hacia sus cuerpos; nada más.

Este amigo mío –se llama Mateo, pero no voy a decir más nada de él– afortunadamente tiene una buena posición económica y se lo puede permitir; pero lo que me preocupa es qué ocurre con todos esos gurises jóvenes que aún no han encontrado su lugar en el mundo y que, encima de eso, tienen que bancarse ser el receptáculo de un estigma social de lleno injustificado.

En nuestro último podcast, cerca del final, Nacho dijo algo muy interesante:

“Cuando sacás a colación este tema [haciendo alusión al miedo que sienten muchos gurises jóvenes ante los escraches o las denuncias falsas] ellas te dicen: ‘Bueno, flaco, bancátela; nosotras sentimos eso toda la vida’.
Ahora, eso yo lo pongo en duda; ¡Loca, ¿Qué toda la vida?! ¡Yo tengo 17 años, y vos tenés la misma edad! ¿De qué ‘toda la vida’ me estás hablando?”.

Esta intervención me parece muy pertinente, sobre todo porque, no nos olvidemos, las generaciones de varones nacidas a partir de la década de los noventa (ni qué hablar de aquellos que nacieron a partir del segundo milenio) han incorporado desde su más tierna infancia códigos de conducta hacia las mujeres MUY distintos a los de generaciones pasadas. Quiero decir, la mayoría de estos ahora adultos se han criado en entornos notoriamente feminizados, participando desde chicos en las tareas del hogar, tendiendo las camas, colgando la ropa, lavando los platos, etc. Ojo, que esta ya no es más la familia de tipo patriarcal de comienzos del siglo pasado. No, no. En la actualidad, toda esa serie de ritos que antes oficiaba el «Pater familias» y cuyo propósito era sentar una división clara entre los principios masculinos y femeninos, ha desaparecido.

Como ya explicó el barón Julius Evola en “Revuelta contra el mundo…” (1934), los hombres y las mujeres modernos nos hemos convertido ahora en “seres mixtos(…)privados de toda relación con las fuerzas de nuestra naturaleza más profunda (…). Seres en los que el sexo empieza y termina meramente en el plano fisiológico”. Y recordemos que todo esto se ve potenciado a un nivel inaudito luego de esa serie de cambios conocidos como “La revolución sexual” (con esto me refiero en concreto a la incorporación en nuestras vidas de fenómenos como el divorcio unilateral femenino, la normalización de las relaciones sexuales antes del matrimonio, así como la deslegitimación y desestructuración completa de la institución familiar).

En otras palabras, lo que han hecho en última instancia referentes feministas como Andrea Tuana o Lilián Abracinskas, ha sido engañar a una parte importante de la juventud, además de en el proceso haber urdido y reproducido desde ámbitos como la educación y varias entidades civiles (este es un eufemismo que merece un desarrollo más en profundidad) un relato sanatero, cuyo efecto más notorio ha sido la imposición de un clima de miedo y desconfianza entre ambos sexos.

Todo este fervor que hubo en su momento –y que aún hay– por acusar y perseguir a gurises jóvenes sólo porque sí, sólo por capricho, por un supuesto delito en el que, a lo sumo, quizás, y sólo quizás, sus abuelos y bisabuelos incurrieron en algún momento, visto de manera retrospectiva es grave y NO debe quedar impune. Pese al enorme aparato propagandístico del que disponen, la historia nacional las recordará como a uno de esos chanchos alegóricos de la novela de Orwell; como esas típicas burócratas oficialistas que, durante un momento de crisis, supieron aprovecharse de manera astuta del borreguismo y las buenas intenciones de una minoría bien organizada, y así acumular a su favor una sólida y pequeña cuota de poder.

Pero es lo que tiene: lo que hoy ganás en confort y seguridad, mañana se te cobrará en amor propio y arrepentimientos. Lo lamento; yo no hago las reglas. (Please ̷(̷C̷e̷n̷s̷o̷r̷e̷d̷)̷).

¿Qué pasa que las minas de ahora son todas unas trolas?

Hace unos días, se hizo viral en Twitter un corto del podcast de citas “Whatever”. En él, además del conductor, aparecían una chica de dieciocho años y sus padres. Lo que hizo del clip en cuestión contenido viral, fue la confesión de la gurisa –su nombre si mal no recuerdo es Madison– de que, apenas habiendo alcanzado la mayoría de edad, ya contaba con un body count (término en inglés utilizado para referirse a la cantidad de parejas sexuales que ha tenido una persona) de ocho hombres.

La reacción del papá de la chica al oír esto me hizo acordar enseguida a los desplantes del personaje de Peter Capusotto “Padre progresista”; LES JURO, si prestán atención al clip, podrán ver cómo en cuestión de segundos se reflejan en el rostro del tipo toda una serie de sentimientos encontrados; obviamente no parece feliz con el hecho de que su hija –dígamoslo sin dar tanta vuelta: casi una adolescente– sea una persona abiertamente promiscua. Después, por supuesto, intenta justificarla, sacándose de la manga una de esas típicas arengas progresistas capaces de defender cualquier exceso o conducta procaz en la que incurra una mujer. Pero está claro que en el fondo le duele saber que su hija es TREMENDA TROLA.

«¡VENGAN A CULEAR A CASA DEL BOLUDO!, ¡VENGAN A CULEAR A CASA DEL BOLUDO!» (Convengamos que peor que no tener padre es tener un padre frenteamplista; o sea un padre que no te ponga límites y te diga que sí a todo).

Ahora, menciono esto porque creo que confirma de manera evidente algo que a todas luces ha sido un cambio SÍSMICO en nuestra cultura y en los modos y formas de vida de las nuevas generaciones; al menos en comparación con las anteriores.

Verán: todavía me acuerdo de hace quince o dieciséis años, cuando iba al liceo. En esa época yo era apenas un puberto ingenuo, pero, aún así, comencé a detectar en las gurisas de mi edad una conducta que en aquel entonces me pareció rara. Me di cuenta de que mis compañeras de curso estaban empezando a realizar sus primeros escarceos sexuales, y no conmigo o mis condiscípulos, sino con pibes un poco mayores, algunos de ellos incluso rayando la mayoría de edad.

Debo señalar que esto no se trataba de excepciones o casos aislados, sino más bien de una tendencia; quiero decir, chicas de trece o catorce años que ensayaban pareja con pibes de dieciséis, diecisiete o incluso dieciocho años (!). A medida que avanzaba de curso, esto se hacía cada vez más evidente, aunque no menos inquietante. Recuerdo haber cumplido quince años y pasar la tarde en la casa de un amigo que tenía por esa época, vichando las fotos de perfil de Facebook de una compañerita de clases. En un momento dado, él me mencionó cómo le fastidiaba el hecho de que, pese a tener la misma edad que nosotros, la gurisa estuviera en pareja con un guacho skater de veinte años (!). Luego se lamentó de que a él no le diera bola y dijo algo así como “Bueno, por lo menos cuando cumpla esa edad yo voy a poder hacer lo mismo; estar con gurisas más chicas”.

Recuerdo, asimismo, como este tipo de relaciones no se desalentaban, sino que, por el contrario, los adultos responsables (frecuentemente madres solteras) les daban vía libre o, en su defecto, intentaban restarle importancia al asunto, limitándose a aconsejar a los gurises a usar preservativos al momento de tener relaciones.

Señoras y señores, con ustedes, la revolución sexual en su máximo esplendor. ¡Es en esto en lo que justamente deriva toda esa cháchara en jeringoso que postula la necesidad de una sexualidad sin coto, desprovista por completo de cualquier código moral!

En el caso de que nada de lo que mencioné te haga ruido, te aconsejo que te lo replantees; porque, que no haya más ritos o pautas de conducta que regulen los impulsos sexuales de los más jóvenes, con el tiempo va a acarrear un montón de consecuencias negativas en su desarrollo mental y emocional. Y ojo, eh, que la llamada “ESI” (Educación Sexual Integral) que propone el funcionariado frenteamplista no va a solucionar el problema; NO, NO; todo lo contrario, sino que lo va a empeorar, confundiendo y dando aún más alas a gurisas que de inmediato encontrarán su falta de control e instinto sexual respaldados por una retórica buenista y condescendiente.

¡AHÍ VA MI HIJA, LA EMPODERADA, LA SUGAR BABY DE LA FAMILIA! François Graña ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷.

Antes de cerrar voy a postular la hipótesis de que todo esto, sumado al brutal ostracismo que muchos chiquilines están padeciendo debido al feminismo de cuarta ola, está gestando una severa crisis de tipo interpersonal entre los sexos; dicho de otra forma, actualmente hay una generación de hombres desencantados de la mujer, replegados en sí mismos o en el porno y los videojuegos, así como una creciente camada de féminas empoderadas únicamente capaces de cosificarse a sí mismas, y subsistir en base a una dieta de porro y fármacos.

Hombres y mujeres deberían poder advertir esto, unir fuerzas y (̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ aquellos que sacan partido social y económico de esta perversa división. Pues, perfectamente podría realizarse un reparto de tareas equitativo en este respecto; ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ ̷(̷c̷e̷n̷s̷u̷r̷a̷d̷o̷)̷,̷ Y después… ¡Clic!, ¡Clac!, ¡Plum!; la cabeza cae de inmediato dentro de la cesta (yo propongo que la misma tenga forma de mate y que esté pintada de celeste); pero esta es simplemente una forma que se me ocurre de generar un poco de solidaridad y camaradería entre los sexos, no descarto que haya más.

«NOOOO, I WARN YOU»
Nah, un temazo.

Felipe Villamayor.

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¡Gracias!

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6 respuestas a “Por qué Andrea Tuana, Lilián Abracinskas y Carmen Sanguinetti son unas (̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶ ̶(̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶)̶ ̶(̶c̶e̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶)̶ ̶(̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶)̶ ̶(̶c̶e̶n̶s̶u̶r̶a̶d̶o̶) y por qué las pendejas de ahora son todas una trolas que sueñan con vivir del OnlyFans y además por qué los pibes de ahora se pasan todo el día jugando a la play o si no matándose a pajas y no quieren saber nada con laburar y salir adelante”

  1. me alegro que escriban acá, en sus casas, escondidos en sus cuartos, esperando que los llamen a cenar, porque al menos la sociedad no les tiene que ver la cara de incogibles.

  2. Gracias por seguir encarando este tema delicado, preocupante, lastimoso. La «lucha de sexos» y las actuales costumbres generan discordia entre el hombre y la mujer, cuando entre ellos debería haber concordia. Que la mujer se haya «empoderado» y salido del hogar ha traído consecuencias nefastas a nivel educativo, moral, social. Gran abrazo, gracias por tu lucidez y valentía, ¡adelante!

    • Yo pienso que lo femenino y lo masculino son cualidades que al margen de lo físico también se manifiestan en la personalidad. Hay mujeres masculinas y hombres femeninos, por lo que no me parece correcto simplificar de ese modo:»que la mujer se haya empoderado y salido del hogar». ¿No crees que simplemente hay mujeres que no valen para eso? ¿Y al mismo tiempo hombres cuyas naturales predisposiciones conductuales y psicológicas les impiden actuar honestamente conforme al ideal de masculinidad ruda y guerrera?

      De hecho, quejarse como lo hace el autor del post en este blog en lugar de actuar políticamente en el mundo real me parece un conducta bastante femenina.

      • Decir que no actué políticamente en el mundo real me parece errado, sobre todo teniendo en cuenta que soy el único estudiante de la historia expulsado de la UdelaR. Bruno, asimismo, también ha tenido problemas de naturaleza legal a causa de sus escritos.

        ¿Acaso vos podés decir lo mismo?

        Me parecía…

        Reconozco que te estás empezando a dar cuenta de algunas cosas, pero atar cabos y comprender de manera cabal la situación en la que estamos, me parece que te excede o quizás te supone un riesgo. Por otra parte, expresar una opinión impopular y estar dispuesto a afrontar consecuencias legales por ello, no es en absoluto una actitud «femenina»; más bien lo contrario. Aunque te admito que es es una trampa retórica muy efectiva para impedir que los hombres hablen de sus problemas reales (tacharlos despectivamente como «femeninos», digo) en nombre de la ya clásica victimización feminista.

        Me encantaría salir a cagarme a palos con medio mundo, pero si lo hago después me psicopatean y me dicen que estoy loco; así que prefiero escribir.

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