SOBRE ESOS JÓVENES QUE HAN ABANDONADO SU “EDUCACIÓN” Y SE PREPARAN PARA LA PRIMERA DE MUCHAS BATALLAS ESPIRITUALES


SOBRE ESOS JÓVENES QUE HAN ABANDONADO SU “EDUCACIÓN” Y SE PREPARAN PARA LA PRIMERA DE MUCHAS BATALLAS ESPIRITUALES.— Saludo cordialmente a todos esos jóvenes que por motivos que son de mi incumbencia deciden año a año abandonar las instituciones “educativas” de nuestro país. Saludo su potencial, su seguridad y confianza en sí mismos, su capacidad de iniciativa, y el que valientemente hayan optado por alejarse del rumbo prescrito para emprender, en cambio, el camino más largo y difícil. Riesgo e incertidumbre esperan a aquellos pioneros que, como ustedes, se atrevan a ignorar títulos y diplomas en aras de forjar su propio destino, uno nuevo y uno quizás glorioso, lejos ya del remanido molde de la “educación” terciaria. 

Y es que, después de todo, ¿Por qué habríais de contentaros con acumular fútilmente grados y posgrados? ¿Acaso veríais con buenos ojos despertar un día entre las rugosas hojas de un libro, transformados en inútiles polillas de biblioteca? ¿Acaso queréis envejecer y convertiros en Alma Bolón o Fernando Andacht, y alcanzar acaso, como ellos han alcanzado, una cima de mediocre excepcionalidad? ¡No, no, no! ¡En lugar de eso vosotros os atreveréis a ser de nuevo radicales, a ser de nuevo extremistas, a silbar y a reír entre las llamas y el trueno! 

Veréis que tarde o temprano la diosa Fortuna extenderá su mano, y preparados o no, deberéis poner en práctica todo aquello que habéis ensayado. ¡Qué bendita e importante tarea os espera, muchachos! Una que habéis de llevar a cabo incontables veces –que hemos llevado a cabo incontables veces; nada de esto tendrá un final, por otra parte–.

Con fuerza en lugar de astucia, vosotros habréis de elevaros hasta las estrellas y el infinito, como la humareda de un nuevo holocausto expiatorio. Subireis y subireis y subireis, con honor y con firmeza, trocando en el acto vuestros caducos deseos de consumir y de distraeros por el de vivir en la máxima plenitud y abundancia: “¡VIVA LA VIDA!”, entonaréis, con inexpugnables gargantas, “¡VIVA LA MUERTE!” (¿Qué? ¿Os sorprende? ¿Acaso llegado un punto no son lo mismo?).

Y así habréis de vivir, y así habréis de amar, y así habréis de luchar, y así habréis de conquistar y de repoblar nuevos paraísos (creedme, los titiriteros no os dejarán otra opción; pronto deberéis enfrentar la disyuntiva entre ser el aniquilado o ser el aniquilador), y el más digno entre vosotros, el último en quedar en pie, sostendrá en su mano zurda la cabeza de un sátrapa desnarigado y en su diestra el cetro de rey; ¡Parsifal volverá a ocupar su castillo!

Con. Franz Miksizpuhtulk.

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