SOBRE ESOS LOCOS AUTORES ICONOCLASTAS Y POR QUÉ TODOS LOS AGENTES DE LA ROSCA DE LA “CULTURA” URUGUAYA SON UNA PÚSTULA INFECCIOSA EN LA HISTORIA DE NUESTRO PAÍS QUE HAY QUE DRENAR CUANTO ANTES (NO QUEREMOS TENER QUE AMPUTARLA, ¿CIERTO?)


SOBRE ESOS LOCOS AUTORES ICONOCLASTAS Y POR QUÉ TODOS LOS AGENTES DE LA ROSCA DE LA “CULTURA” URUGUAYA SON UNA PÚSTULA INFECCIOSA EN LA HISTORIA DE NUESTRO PAÍS QUE HAY QUE DRENAR CUANTO ANTES (NO QUEREMOS TENER QUE AMPUTARLA, ¿CIERTO?).— Me siento casi tan atraído por las obras de autores como Leon Blóy, Baudelaire, Nietzsche y Huysmans como por las dramáticas circunstancias personales que las inspiraron. Esta fascinación, sin embargo, en contra de lo que algunos pueden llegar a creer, no parte del morbo o del pesimismo comúnmente atribuido a las creaciones de dichos artistas, sino de su magnética autenticidad y su espíritu genuinamente revulsivo. 

En otras palabras, el que ninguno de ellos tuviera pelos en la lengua al momento de expresar sus opiniones o de escribir sus ahora renombrados libros, los vuelve inmediatamente seductores para mí. 

A su vez, las batallas intelectuales que libraron autores como los ya mencionados en el panorama cultural y periodístico de su tiempo, serían imposibles de librar hoy día, dada la cobardía y abrumadora mediocridad de sus protagonistas. El único caso de un autor local cuya exaltación creo fue genuinamente impertinente para con la rosca y nuestra élite mediática, fue el de Gustavo Escanlar. Pero claro, si ahora uno googlea su nombre se va a encontrar de pronto con dulzonas loas del estilo de “Te extrañamos Gustavo: la vida de un indomable que dijo todo y se fue antes de tiempo” (de la pituca insufrible Federica Bordaberry) o “El abismo urgente de Gustavo Escanlar: ¿por qué hay que seguir leyéndolo?” (el niño rico que escribió esta basura se apellida BREMERMANN…, ¿Hace falta que diga algo más?)

Típico: siempre caen en la misma: mientras está vivo, lo desprecian, lo ningunean, se burlan de él, lo llaman “plagiario”, le pegan o lo condenan al ostracismo. Ahora, una vez muerto, de repente la cosa cambia: ¡Ahora sí aquel “pobre gil” ya no nos resulta tan malo después de todo!; ¡Ahora sí lo re que te bancamos y lo aplaudimos detrás de nuestros cómodos escritorios en Carrasco y Cordón Sur! ¡Él era un autor maldito, un iconoclasta, después de todo! 

En definitiva, lo que hacen estos hijos de re mil puta’, una vez que el tipo se muere y por lo tanto ya no los puede molestar, es raptar su cadáver, embalsamarlo y vendérselo al gran público como si él siempre hubiera sido uno de ellos…

¡Pero qué ruin y mezquino que es el curro de la “cultura” uruguaya, cuánto individuo grosero y miserable abunda entre sus filas!

Más allá de las discrepancias puntuales (y siempre superficiales, ya que en el fondo y a lo largo de la historia, la rebeldía y la intransigencia se han visto animadas por un mismo espíritu), siento el deber de reconocer la higienizante labor de tipos como Escanlar, Blóy, Nietzsche y Baudelaire, individuos solitarios y extraviados, personajes –en definitiva– FUERA DEL SISTEMA, hombres que crearon –y aun crean y seguirán creando– en obstinada soledad, al margen del buen visto de esa gente sana y engreída a la que papi y mami le han aconsejado hacer una carrera y siempre actuar como “Dios manda”.

En épocas más civilizadas, a estos hombres se los consideraba seres dignos de respeto y admiración; locos, en definitiva, , pero no locos en el sentido peyorativo que hoy se le da a esa palabra, no locos en el sentido de “enfermos mentales” a los que por su propio bien hay que empastillar y mandar a hacer terapia, sino individuos cuya franqueza e inefable actitud rayaba en un tipo de lucidez cuasi mística. 

¿Pero cómo vamos a hacer ahora, en una época en la que la censura y el miedo de ofender tanto a propios como a ajenos nos obliga a cerrar los ojos ante su disruptiva presencia? ¿Podrán estos tipos locos, con su singularidad y su valentía, un día volver con toda su garra y pinchar la aséptica burbuja en la que nos han atrapado?

Con. Franz Miksizpuhtulk.

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