Sobre la «salud mental» y sus defensores


SOBRE LA “SALUD MENTAL” Y POR QUÉ EL MARICA DE ALE DE BARBIERI ES MI ENEMIGO.– El nuevo paradigma de la “salud mental” y sus principales promotores –psiquiatras y psicólogos– son hoy por hoy una de las herramientas de control más eficaces que posee el sistema. Basta con ver la preponderancia del discurso psicoanalítico en las sociedades tecnológicas actuales, el prestigio de sus virtudes supuestamente “científicas”, así como la creciente influencia de la nefasta “psicoterapia” en nuestro día a día para poder confirmar esto.

Lo que empezó a finales del siglo XIX como un simple intento de estafa por parte de un joven médico austriaco a judíos y a miembros de la élite vienesa, con el tiempo ha mutado en un enorme aparato represivo-ideológico cuyo papel principal consiste en abochornar y desacreditar a aquellos individuos que no transijan con el status quo.

¡Psicólogos y psiquiatras, todos cortados por la misma tijera! ¡En el fondo, nada más que burócratas afeminados y mujercitas inútiles repartiendo diagnósticos falsos cual tarjetitas de regalo!

En épocas civilizadas –o incluso en aquellas que fueron las más “represivas” de la humanidad–, el asedio y la patologización de rasgos de personalidad o de particularismos individuales sería considerado algo absurdo. Pero claro, olvidaba que en esas épocas aún existía cierto grado de consciencia sobre las dimensiones trágicas de la vida, así como una búsqueda colectiva permanente de lo sublime y lo religioso.

Nuestro psicólogo de cabecera, sin embargo, no cree en estos “anacronismos”; para él lo más importante es crear todas las semanas durante sus costosas sesiones terapéuticas un entorno “seguro”, un entorno “libre de frustraciones”, una ficción con arreglo a nuestros caprichos dentro de la cual podamos autofelarnos tranquilamente durante una hora.

¡Ah, triste época la nuestra! Una en la que se han trocado las adversidades físicas y reales por una larga lista de pesares ficticios; una en la que el ciudadano “sano” y “ajustado” es aquel que sólo sabe consumir y acatar dócilmente las directrices del estado, aquel –en definitiva– pobre infeliz desprovisto de toda huella de carácter, siempre reacio al riesgo y a la franqueza consigo mismo o con terceros.

¡Sabedlo, psicólogos y psiquiatras, yo sé lo que estáis haciendo, y no lo diré una vez más: tenéis en mí a un enemigo mortal!

Con. Franz Miksizpuhtulk.

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