SOBRE LOS JÓVENES Y POR QUÉ SON TODOS ADICTOS AL PORNO


SOBRE LOS JÓVENES DEL SIGLO XXI Y POR QUÉ SON TODOS ADICTOS AL PORNO (VIVEN EN UNA SOCIEDAD VIRTUALIZADA E HIPERSEXUALIZADA).Recuerdo una escena de la novela “Preguntale al polvo” de 1939 en la que el narrador gasta sus últimos dólares en ir a ver un espectáculo de revista. Allí, entre una multitud de empleados fabriles e inmigrantes filipinos, busca atrapar aunque sea un vistazo de la vedette estrella –ahora no recuerdo su nombre–, así como del resto del cuerpo de bailarinas. 

Si la memoria no me falla, durante aquella escena la angustia del protagonista y la de algunos miembros de la audiencia se hacía palpable; algo normal, por otro lado, ya que, dadas las circunstancias, estamos hablando de un grupo de hombres humildes y solitarios buscándose la vida en la gran metrópoli. Lo que Bandini (el narrador/protagonista de la novela) desea, en definitiva, es ver por lo menos UNA SOLA de las piernas de aquella mujer. 

Qué sorpresa se llevaría ahora, en cambio, época en la que uno puede salir a la calle y de golpe cruzarse con imágenes en tiempo real de gurisitas semidesnudas, desfilando con blusas transparentes y en diminutísimos shorts; en definitiva, con estímulos eróticos de la más variada índole. 

Si no me creen, prueben con entrar a un supermercado al mediodía, cuando hay más gente, y van a ver cómo a la luz de los reflectores uno puede atisbar casi que sin querer la areola de algún pezón femenino –¡A veces, incluso lo que parecería ser el leve relieve de un piercing bajo la tela de la ajustada prenda!–… 

¡Y pensar que en esa época el joven Bandini tenía que cruzar calles polvorientas y llenas de sordidez para ver un puto número de revista! Ahora, sólo con esperar a que se haga de noche, de quererlo uno puede entrar en contacto con imágenes seductoras de chicas de dudosa reputación que, cual sirenas o un espejismo de agua en el desierto, prometen saciar tu sed dándote de beber de un vaso de fresca virtualidad. Son esas mujeres de las que la poderosa hechicera Circe nos advirtió en “La Odisea”, cuando dijo que “encantan a cuantos hombres van a su encuentro”; aquellas cuyos pies ostentan a su alrededor un “enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel lentamente se va consumiendo”.

Traigo a colación esto pues, una peste silenciosa empieza a avanzar pérfida y despiadadamente sobre las mentes de nuestros jóvenes; a alojarse dentro de sus cerebros como una cepa de patógenos informáticos. La desromantización de las relaciones entre hombres y mujeres –en definitiva, su desritualización: la pérdida completa de esa serie de tradiciones y costumbres que antes tenían por objeto regularlas–, los resquemores frutos del feminismo y de las ideologías progresistas, la extensa proliferación de chicas jóvenes y sexys mostrando sus cuerpos arrogante e impunemente en redes sociales –así como la normalización de prendas y accesorios eróticos en la vía pública–, han dejado secuelas PERMANENTES en las psiquis masculinas de los más jóvenes. 

Esto era, a final de cuentas, algo inevitable. 

¿Qué? ¿Acaso creían que tal cantidad de exceso de estímulos nerviosos y eróticos (¿estímulos nerviósicos?) no iban a reclamar para así al final del día un desahogo, una descarga? 

Y aquí es cuando, a una tempranísima edad y sin saber muy bien en dónde se están metiendo, los jóvenes caen succionados por una vorágine digital monstruosa: el contenido pornográfico web, quizás el opiáceo más dañino de la actualidad. Pues este representa un peligro para la psiquis masculina no tanto por sus efectos de “bajón” o “resaca”, sino porque, al igual que cualquier droga, nunca sacia por completo a sus usuarios, encadenándolos así en una relación de dependencia y depravación de la que algunos quizás nunca lleguen a escapar.

Si mal no recuerdo, Bandini, luego de salir de aquel espectáculo de revista, se resignaba a vagar por la calle, llevando su sobretodo, triste y solitario. Hasta que, después de pasear unas cuadras, se topaba con una joven prostituta. ¿Un cliché literario? Quizás sí, quizás no, pero lo que no debemos pasar por alto es cómo las experiencias sexuales entre hombres jóvenes y prostitutas solían tener, en un principio –ya hace mucho tiempo–, un aspecto formativo. 

Yo, de hecho, recomiendo a cualquiera de mis lectores que actualmente esté enfrentando un malestar como el que padeció Bandini (aunque en realidad lo que padecen los jóvenes de hoy en día es algo mucho peor e insidioso) probar acostándose con una prostituta. Les puedo asegurar que no, que no se van a encontrar con una de esas jovencitas de “corazón de oro” como las que describe Dostoievski en sus novelas; lo que sí encontrarán, en cambio, es al menos una experiencia real, una experiencia con una mujer de carne y hueso, sin voyeurismos ni pantallas de por medio; un encuentro AUTÉNTICO con la condición femenina en su forma más cruda. ¡Ya basta de simulacros digitales y de taponarnos los oídos y de cubrirnos los ojos con vendas! Si vamos a pervertirnos, tengamos el valor de por lo menos hacerlo de un modo genuino. Como dijo Céline hace más de un siglo: “una vez dentro, hasta el cuello”.

Con. Franz Miksizpuhtulk.

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¡Gracias!


2 respuestas a “SOBRE LOS JÓVENES Y POR QUÉ SON TODOS ADICTOS AL PORNO”

  1. No estoy de acuerdo con la conclusión que sacás -aunque entiendo el punto- Sí celebro que encares este tema acuciante, como solés hacer. Te deseo una muy feliz y santa Pascua de Resurrección. Fuerte abrazo.

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